DESDE MI MUNDO

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UNA NAVIDAD FELIZ.

Llega la Navidad y todos nos volvemos locos por comprar. El centro parece un hervidero y el mercado una sucursal del infierno.

Es bueno que la gente gaste. Que todos gastemos. Eso mueve la economía…pero que tenga un sentido. Esa es la idea.

Las tradiciones no se discuten. No se analizan. No se contradicen. Aunque podríamos hacerlas más humanas.

Parecería que la NAVIDAD es un buen motivo para derrochar, cuando lo que celebramos es el nacimiento de Jesús, el hijo de Dios, en la lejana Belén. Sin ropa elegante, con poco que comer. En un pesebre, en la más absoluta pobreza.

El nacimiento de un hombre que cambiaría el destino del mundo. O al menos lo intentaría. Dicen que con un solo discurso: EL AMOR desde la humildad. Desde el corazón.

Y hoy es un buen momento para hacerlo diferente.

Cuando hagas tus compras tomate el tiempo de juntar en una bolsa algo que puedas dar. No va a abultar mucho tu cuenta. Pero le va a dar una alegría infinita al corazón.

Un pollo, arroz, carne, una sidra, un pan dulce. Cualquier cosa que permita a una persona pasar dignamente la navidad.

No hace falta que lo lleves lejos. En un semáforo, en la esquina de tu casa, en la puerta de la Iglesia. Allí podría estar Jesús esperando. Un gesto que no cambie el mundo, pero que nos haga más humanos.

Si todos lo hiciéramos entonces habrá valido la pena. Y el nacimiento si, sería algo para celebrar.

Si estás leyendo. Si crees o no en Dios. Si solo te motivó la curiosidad. FELIZ NAVIDAD.

Cuando levantes la copa da gracias. A quién sea. Y en ese momento que tu corazón tenga paz.

Carlos Mariano Nin.

DESDE MI MUNDO

Mi visión de las cosas.

marianonin

FELIPA MURIÓ DE INDIFERENCIA.

Felipa Rojas, originaria del pueblo Mbya Guaraní, de la comunidad Mboi Kua del distrito de Gral. Aquino, había llegado desde el lejano San Pedro, hace unos 15 días. Dicen que como muchos otros indígenas vino a reclamar a las autoridades un poco de atención. Me imagino que así sería.

La desesperación nos obliga a todos.

Felipa murió de hambre. Al menos eso dicen los que la vieron morir. Pero más allá de las razones, creo que Felipa murió de indiferencia. Indiferencia del Estado al tan gastado reclamo indígena. Y allí, para coronar la indolencia, Felipa murió frente al Instituto del Indígena en el día del Black Friday, donde las ofertas concentran la atención de una cultura acostumbrada al gasto.

Los indígenas son el eslabón más pobre de la cadena social. Su número es reducido: unos 116.000, que sobre 7 millones de habitantes representan “solo” el…

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DESDE MI MUNDO

FELIPA MURIÓ DE INDIFERENCIA.

Felipa Rojas, originaria del pueblo Mbya Guaraní, de la comunidad Mboi Kua del distrito de Gral. Aquino, había llegado desde el lejano San Pedro, hace unos 15 días. Dicen que como muchos otros indígenas vino a reclamar a las autoridades un poco de atención. Me imagino que así sería.

La desesperación nos obliga a todos.

Felipa murió de hambre. Al menos eso dicen los que la vieron morir. Pero más allá de las razones, creo que Felipa murió de indiferencia. Indiferencia del Estado al tan gastado reclamo indígena. Y allí, para coronar la indolencia, Felipa murió frente al Instituto del Indígena en el día del Black Friday, donde las ofertas concentran la atención de una cultura acostumbrada al gasto.

Los indígenas son el eslabón más pobre de la cadena social. Su número es reducido: unos 116.000, que sobre 7 millones de habitantes representan “solo” el 1,7%.

 

Expulsados de sus tierras por políticos, narcotraficantes, terratenientes, productores y ganaderos, los indígenas se convirtieron en un estorbo, obligados a emigrar a Asunción donde solo logran coronar su pobreza y mendigar comida en un mundo apurado por subsistir.

Su muerte pasó casi desapercibida. Es una indígena. Nadie la recordará. Nadie podrá dimensionar el desamparo que encierra esta cadena de abandono.

Pero Felipa no solo murió allí. Muere en los hospitales públicos por indiferencia y discriminación. Muere en la justicia, lenta para los indigentes. Muere en las escuelas a donde no llega la educación. Muere en las calles todos los días.

En el informe de 2014 Pueblos indígenas en aislamiento voluntario y contacto inicial en las Américas, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos manifestó: Los pueblos indígenas en aislamiento voluntario y contacto inicial son titulares de derechos humanos en una situación única de vulnerabilidad, y unos de los pocos que no pueden abogar por sus propios derechos.

Felipa deja una tragedia dividida en cuatro. Cuatro hijos que deberán sobrevivir. Que seguirán reclamando hasta que alguien los escuche, o como su madre…mueran de indiferencia.

DESDE MI MUNDO

ESPERANDO EL MOMENTO.

Juan trabaja en una empresa de seguridad. Gana sueldo mínimo (1.824.055 guaraníes) por entre 12 y 14 horas diarias. Tiene tres hijos y una esposa que le reclama todos los días que el sueldo no alcanza.

Poco le interesan las noticias. Su preocupación se centra en llevar la comida y mantener los servicios básicos. Muchas veces apenas llega a fin de mes prestando plata de sus compañeros para el pasaje.

Juan vive en todos lados. Es mi vecino, el hombre del frente, tu amigo, tu hijo, tu padre…

Algunos Juan sobreviven con menos, otros con un poco más, pero todos con casi los mismos problemas.

Habla poco, pero tiene una transparencia a toda prueba. Su decencia desentona con el ambiente contaminado del día a día. Pero es su opción. El trabajo lo mantiene alejado del sucio mundo que lo rodea.

Pero en realidad es invisible. No es respetado por la sociedad ni reconocido por ella.

Juan es la contraparte de la casta política que maneja los destinos del país. O al menos de la mayoría. Ese clan privilegiado que asegura el trabajo de su familia, hace negocios con el Gobierno, rapiña nuestros recursos y tiene garantizada la impunidad.

No lo digo yo. Lo leyó Juan uno de esos días en un periódico viejo. Leyó que el Diputado Ibañez pidió perdón por haber contratado a caseros de su quinta con sueldos del Estado. Leyó que la hija de la Diputada Perla Vázquez, se presentaba a trabajar en un solo lugar y sin embargo, cobraba cinco salarios del Estado. Leyó también que los clanes de la política habían colocado a parentela y amigos en la función pública y que muchos legisladores estaban involucrados en investigaciones por narcotráfico y abusos.

También le comento un compañero que algunos Ministros de la Corte Suprema de Justicia fueron acusados de proteger a Narcos y vender un sinfín de sentencias.

Pero Juan vive en su mundo. En ese que no vemos pero lleva adelante el país: el del TRABAJO.

Poco le interesan las noticias. Sabe que la justicia no nos atiende a todos por igual y sin embargo, se mantiene decente. Firme en sus convicciones. Esperando el momento de alzar su voz.

DESDE MI MUNDO.

EL FUTURO SIN FUTURO.

Pedrito no debe tener más de 14 años. Dejó su infancia sobreviviendo en la calle. Tiene en sus manos un repasador con el que molesta a los automovilistas. Cambió vergüenza y dignidad por unas monedas. Se gana la vida y juega peligrosamente entre los autos y conoce el tiempo exacto para llegar por sorpresa. A veces insultos. A veces dinero.
Según el último informe de la ONU unos 5600 niños y niñas se encuentran trabajando o mendigando en espacios públicos.
Pedrito dejó la escuela. No recuerda cuando, pero la pobreza y el abandono no le dejaron otra alternativa. No es su culpa, es solo un niño. Y de él hablan las estadísticas.
El 66% de adolescentes y jóvenes no asiste a ninguna institución de enseñanza formal, la tasa de escolarización secundaria es menos del 60%, una de las más bajas de la región.

Es el reflejo de una realidad que se multiplica en las calles de Asunción y de aquí a los semáforos de todo el país.
Desde que nació jugó a sobrevivir. En Paraguay, de cada 1000 niños y niñas que nacen, 19 mueren antes de alcanzar los 5 años, 16 antes de cumplir el primer año y 11 antes del primer mes de vida.
Pero para Pedrito las estadísticas no importan. Debe comer. Esa es su prioridad.
No sabe que tiene derechos.

Constitución Nacional.
Art. 54° DE LA PROTECCIÓN AL NIÑO:

– La familia, la sociedad y el Estado tienen la obligación de garantizar al niño su desarrollo armónico e integral, así como el ejercicio pleno de sus derechos, protegiéndolo contra el abandono, la desnutrición, la violencia, el abuso, el tráfico y la explotación. Cualquier persona puede exigir a la autoridad competente el cumplimiento de tales garantías y la sanción de los infractores.

Miro a Pedrito con pena y el me devuelve una mirada intimidatoria.
2 de cada 10 adolescentes no trabaja ni estudia.
Casi un millón de niños están atrapados en este círculo de pobreza. Y allí quedarán retenidos mientras no haya políticas serias que reviertan esta situación. Mientras esto no suceda, una generación de chicos sin futuro crecerá silenciosa, escondida a la vista de todos, recordándonos las brutales diferencias que ahondan nuestros rencores.

Desde Mi mundo.

ENFERMOS DE SALUD.

La salud pública no es tan pública ni goza de buena salud. El sistema se encuentra colapsado por la falta de infraestructura, recursos y abusos de todo tipo.

Hace unos días el Dr. Lilio Irala, de la Coordinadora de Gremios Médicos Unidos, decía: “todo lo que se refiere a salud pública está al 50%, con infraestructura desfasada absolutamente, sin renovación en los últimos 25 años y con escasa incorporación de tecnología”.

No es la única enfermedad del sistema. Miles de pacientes tienen que lidiar a diario con el maltrato de enfermeros y médicos e implorar por medicamentos que alivien en algo su sufrimiento.

Pero volvamos al lado económico del problema.

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), en uno de sus últimos informes, detalla que, con respecto a otros países del Mercosur, Paraguay es el que menos invierte en salud y educación.

Mientras que nuestro país invierte en gasto social poco menos de 150 dólares por habitante, en los países de la región el gasto promedio es US$ 1.400.

Para el Gobierno la salud parece no ser una prioridad.

Pero lo es para Nico, o lo era.

Nico vino desde Pedro Juan Caballero en busca de una cama de terapia intensiva en nuestra capital. Había sufrido un Accidente Cerebro Vascular (ACV).

Detrás de Nico se escondía un drama familiar que se multiplica por miles en todo el país.

Sus padres, de Concepción, dejaron casa y trabajo para venir a cuidarlo. También vendieron unas pocas cosas que tenían y vivieron unos meses en el albergue de un hospital en la más infrahumana de las condiciones. Cuando los gastos apuraron, su padre tuvo que volver al trabajo, y Nico quedó al cuidado de su madre. Pero se había tardado demasiado en conseguir la cama de Terapia intensiva, y Nico murió. Las explicaciones fueron técnicas y contundentes. Pero la realidad era clara. Lo mató el sistema.

Es quizás una más de las tristes historias que se esconde detrás de la corrupción. “Mientras un político roba, un joven muere”.

La salud nos pertenece. Es nuestro derecho, y debemos exigirla de calidad.

CONSTITUCION NACIONAL PARAGUAYA

Artículo 68.- Del derecho a la salud

El Estado protegerá y promoverá la salud como derecho fundamental de la persona y en interés de la comunidad.

Nadie será privado de asistencia pública para prevenir o tratar enfermedades, pestes o plagas, y de socorro en los casos de catástrofe y de accidentes.

Al ir a un hospital no debemos mendigar salud, buena atención o medicamentos. Es responsabilidad del Estado. El mismo Estado que no te perdona, que te cobra impuestos y exige que cumplas con tus responsabilidades.

Carlos Mariano Nin

Gerente de Prensa de Canal 13.